top of page

La servidumbre doméstica, el rostro oculto de la explotación capitalista contra la mujer trabajadora

  • Foto del escritor: chaksaastal
    chaksaastal
  • 17 mar
  • 2 Min. de lectura

Por: Roberto Grajales.



El trabajo doméstico en México, según datos del INEGI, emplea a 2.5 millones de personas, lo que representa el 4.2% del total de las personas ocupadas. Sin embargo, estas cifras ocultan detrás de sí una realidad mucho más cruda y profunda. El 90% de quienes ejercen esta actividad son mujeres.


La ausencia de prestaciones laborales en el 69.5% de las trabajadoras domésticas es apenas un indicio superficial del verdadero problema. El trabajo doméstico remunerado, en esencia, representa una forma de explotación que raya en la servidumbre, perpetuando la dominación de clase. Las trabajadoras domésticas están sujetas frecuentemente a condiciones laborales inhumanas: largas jornadas sin descanso, salarios miserables, ausencia total o parcial de vacaciones, y restricciones a su libertad de movimiento e intimidad. Más allá del abuso cotidiano, el trabajo doméstico expone cómo el capitalismo encuentra nuevas formas de explotación bajo la apariencia de relaciones laborales legítimas, que en realidad no son otra cosa que servidumbre asalariada.


No es casualidad que muchas familias burguesas recurran específicamente a comunidades indígenas para reclutar trabajadoras domésticas, estableciendo dinámicas que bordean la trata de personas, donde mujeres indígenas, empujadas por la miseria generada por el sistema capitalista, se ven obligadas a migrar hacia espacios urbanos para servir a la clase burguesa.


Si bien hay organizaciones civiles, y la misma Organización de las Naciones Unidas impulsan actividades para reconocer la servidumbre como trabajo, reconocer formalmente el trabajo doméstico como un empleo con derechos laborales completos, aunque parece un avance progresista, no resuelve la contradicción central, sino que más bien amenaza con perpetuar la existencia misma de esta forma encubierta de servidumbre. El verdadero problema no radica en la falta de derechos laborales, sino en la existencia misma de un sistema que obliga a millones de mujeres a depender económicamente de trabajos serviles.


Siguiendo la línea planteada por Alexandra Kollontai, la emancipación de la mujer trabajadora no vendrá simplemente por reconocer derechos dentro del actual orden capitalista, sino por transformar profundamente las relaciones sociales de producción. La socialización del trabajo doméstico, mediante la creación de instituciones públicas que se encarguen de las tareas de limpieza, alimentación y cuidado, es un paso indispensable para liberar a la mujer trabajadora de la doble explotación y, en consecuencia, avanzar en la emancipación real y efectiva de la clase trabajadora en su conjunto.


En definitiva, la abolición de esta servidumbre disfrazada requiere confrontar y superar el propio sistema capitalista, único beneficiario real de mantener a las mujeres trabajadoras en condiciones de dependencia, precarización y explotación extrema. No puede ni debe ser aceptable en ninguna circunstancia considerar como opción legítima para ninguna mujer trabajadora la permanencia en una situación de servidumbre, disfrazada o no bajo la etiqueta de empleo remunerado. Nuestro objetivo último no puede ser solo la reivindicación inmediata, sino la transformación radical y revolucionaria del sistema económico-social que origina y sostiene esta inhumana explotación.

 
 
 

Comments


Suscríbete

¡Gracias por tu suscripción!

  • Partido Comunista de México
  • FJC
  • El Machete
  • El Comunista

© 2023 por Chak Sáastal

bottom of page