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Luchar contra el imperialismo, desenmascarar al oportunismo, fortalecer el carácter clasista de la lucha antiimperialista

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    chaksaastal
  • hace 11 minutos
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Por: Comité Regional del Partido Comunista de México en la Península de Yucatán.



El 3 de enero del presente año, fueron bombardeados algunos puntos estratégicos militares y civiles en Venezuela, con el objetivo de abrir paso a una operación orientada al secuestro de Nicolás Maduro para su traslado y posterior juicio en Estados Unidos. Estos hechos se inscriben en el marco del hostigamiento sistemático que el gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, había venido desarrollando desde meses atrás contra el Estado venezolano. Estos acontecimientos, por supuesto inconcebibles y profundamente violentos, han abierto una serie de debates a escala mundial. Resulta pertinente detenerse en algunas consideraciones fundamentales que permitan no sólo interpretar lo ocurrido, sino avanzar hacia una conclusión política que apunte a superar el capitalismo en descomposición, es decir, el imperialismo.


En primer lugar, es necesario señalar que estos hechos no se enmarcan en una política binacional ni en un conflicto estrictamente bilateral entre Estados Unidos y Venezuela. Se encuentran ligados al conflicto interimperialista que hoy amenaza con derivar en una guerra imperialista generalizada. El polo imperialista encabezado por China y Rusia había logrado posicionar intereses estratégicos en el sur del continente americano a través de los llamados gobiernos progresistas. Este golpe y los hechos posteriores a la toma de gobierno de Delcy Rodríguez permiten observar con claridad la alineación geopolítica que se busca imponer y reordenar en la región.


Segundo, en México, el sentimiento de solidaridad internacional ha conducido a la protesta contra la agresión imperialista de Estados Unidos hacia Venezuela, apelando al derecho internacional, y entre los sectores más avanzados ha colocado en la discusión la necesidad de construir amplios frentes anticapitalistas y antiimperialistas, para enfrentar a las amenazas del imperialismo contra otros pueblos del mundo, como es el caso de la Revolución Cubana, posición en la que las y los comunistas coincidimos y estaremos contribuyendo a levantar.


No obstante, es nuestro deber señalar que sectores del oportunismo están intentando aprovecharse de esta situación, los cuales, tras las amenazas de Trump con intervenir en México, llaman a la supuesta defensa de la soberanía nacional mediante el apoyo incondicional a la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien colocan discursivamente dentro del campo progresista de América Latina. Sin embargo, es imprescindible señalar que el Estado mexicano, hoy encabezado por Claudia Sheinbaum, se encuentra completamente alineado no sólo en el plano ideológico, sino también a través de tratados comerciales concretos y compromisos materiales, con el polo imperialista encabezado por Estados Unidos.


Aquí resulta necesario hacer un paréntesis teórico. En el plano discursivo es sencillo autodenominarse antiimperialista, pero desde una concepción materialista del imperialismo es indispensable recuperar a Lenin, quien lo define como “el capitalismo en la fase de desarrollo en que ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una importancia de primer orden la exportación de capitales, ha comenzado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de toda la tierra entre los países capitalistas más importantes”. A partir de esta definición, puede observarse que nuestro país se encuentra también inserto en la fase imperialista del capitalismo.


La llegada de la 4T al gobierno resultó una continuidad con los acuerdos interimperialistas que desde hace décadas mantiene México con Estados Unidos y el polo imperialista que éste encabeza: no se rompió con el TLCAN, ahora denominado T-MEC, incluso cuando el gobierno de Trump dio un giro más hacia el proteccionismo, el gobierno de Sheinbaum salió en defensa del “libre comercio”, es decir, de la esencia de dicho acuerdo interimperialista; el propio Obrador, en la Cumbre de Líderes de América del Norte de 2021, hizo un llamado a sus homólogos estadounidenses y canadienses a reforzar su bloque imperialista frente al avance del bloque imperialista encabezado por China capitalista; tanto el gobierno de Obrador como el de Sheinbaum se han negado a romper relaciones con el genocida Estado de Israel, bajo el ridículo argumento de con ello se entorpecería la extradición de Tomás Zerón, priorizando así sus acuerdos interimperialistas con Israel antes que la solidaridad con el pueblo palestino. ¿Cómo puede hablar, entonces, la socialdemocracia de “antiimperialismo” si hoy son los principales defensores de los acuerdos interimperialistas con Estados Unidos?


En consecuencia, un frente antiimperialista real tendría que ser un frente contra los monopolios, tanto extranjeros como mexicanos, e incluso contra los monopolios regionales que operan dentro del territorio nacional. No puede pasarse por alto que estos monopolios no sólo cuentan con el respaldo del gobierno federal, sino que además dictan las políticas de desarrollo a partir de los acuerdos que establecen sus cámaras y confederaciones empresariales con los distintos niveles de gobierno.


El imperialismo, nos señala Lenin, no es sólo una política de agresión externa, sino una fase histórica del capitalismo en la que la profundización de la explotación y la lógica de la acumulación exigen una expansión más allá de las fronteras nacionales. La violencia imperialista no es una anomalía ni el resultado del carácter individual de un gobernante, sino una consecuencia necesaria del desarrollo monopolista del capital.


El oportunismo, haciendo uso de un discurso aparentemente radical, intenta justificar esta explotación tergiversando el concepto de antiimperialismo. Ataca a una figura política en particular mientras oculta deliberadamente a los monopolios que se encuentran detrás de dicho gobernante y que son, en realidad, quienes concentran el poder. Estos sectores buscan la conciliación de clases apelando a la defensa nacional, pero esto no sólo no es antiimperialismo, sino un engaño directo a la clase trabajadora.


Es fundamental demostrar que la guerra imperialista y los ataques que violentan la soberanía de los pueblos no se explican por los actos de un gobernante aislado, sino que poseen un carácter de clase claramente definido. No existe un interés real de defensa nacional, ya que a la burguesía no le importa el bienestar de la clase trabajadora, sino la garantía de sus intereses económicos.


Lenin enseñó que uno de los principios fundamentales del antiimperialismo es oponerse a la guerra, no de manera abstracta, sino oponerse a la guerra imperialista y trabajar a favor de la guerra entre clases, es decir, de la lucha revolucionaria que libere al proletariado de las cadenas que hoy lo atan. De ahí la necesidad de elevar el principio del internacionalismo proletario. Mientras la clase trabajadora no logre erradicar al capitalismo de su país, ésta no tiene patria y es explotada de la misma manera en México, en Venezuela y en cualquier punto del mundo capitalista.


Por lo tanto, es la clase trabajadora la que debe organizarse en un frente antimonopolista y antiimperialista que no se limite a oponerse a los ataques de uno u otro polo imperialista, sino que enfrente al imperialismo como fase monopolista del capitalismo, solo así puede arrancarse de raíz. No debe permitirse que el oportunismo tergiverse la lucha de los pueblos contra el imperialismo ni que disfrace o lave el carácter de los Estados capitalistas que se proclaman de izquierda. La soberanía nacional, para los capitalistas y para el Estado, les es un concepto útil, pues colocan a la clase trabajadora en aparente unidad con la burguesía, pero esta unidad solo sirve para proteger los intereses de los monopolios.


Es necesario comprender que para la clase trabajadora resulta indiferente la defensa abstracta de la nación si ésta no transforma su situación inmediata, si no pone fin a la miseria en la que vivimos quienes todo lo producimos.

 


¡Proletarios de todos los países, uníos!


El Comité Regional del Partido Comunista de México en la Península de Yucatán

 
 
 

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